martes, 28 de abril de 2009

EL MISTERIOSO LENGUAJE DE LAS ESCULTURAS DE CEUTÍ

El pasado día del libro se presentó en el Centro Cultural de la ciudad de Ceutí (Murcia) el cuento de Mati Morata "El misterioso lenguaje de las esculturas de Ceutí", acto entrañable en el que Mati fué arropada por sus amigos, que llegaron hasta de Teruel y, la asistencia de un númeroso público que caldeo el acto.
En la presentación se representó parte del cuento.


video

domingo, 26 de abril de 2009

"LECTURA Y FAMILIA"







MESA REDONDA: IMPORTANCIA DE LA LECTURA.
IX ENCUENTRO DEL CONSEJO ESCOLAR DE LA REGIÓN DE MURCIA (CERM)
"LECTURA Y FAMILIA"
LAS TORRES DE COTILLAS 25 ABRIL DE 2009.






Mati Morata ha participado en la mesa redonda en calidad de madre y autora de cuentos infantiles y juveniles. Ha ilustrado su exposición con la lectura de un cuento creado para la ocasión, titulado "CUENTO CORTO PARA PADRES HIJOS Y PAJARITOS" en el que el vuelo representa la fuerza, el poder y la mafia de la lectura. El cuento dice así:



"CUENTO CORTO PARA PADRES HIJOS Y PAJARITOS"

Había una vez un frondoso pino, muy verde y muy alto, que servía de hogar para tres pájaros que, desde pequeños, habían compartido muchos momentos y muchos juegos. Pero la vida pasaba y ellos cambiaban al ritmo de sus naturalezas; así que, al final, cada cual desarrolló su modo propio de vida de acuerdo con su condición.

Así el gorrión, individuo de costumbres serenas y sedentarias, no tardó en echarse una compañera y crear su propia familia. Juntos, su primera primavera floreció en ambos con su primer retoño.

El gorrión papá era muy responsable y tenía muy claras las directrices para educar a su hijo. Siguiendo la tradición de su propia familia, entendía que había que formar estrictamente a su pajarito:

“disciplina y trabajo”, ésa era la clave de una vida feliz o -tal y como lo entendía él- una vida cómoda, sin necesidades ni sorpresas.

Desde muy pequeño él mismo se encargó de la instrucción de su primogénito con una rigidez implacable y una disciplina férrea. Lo más importante en su formación eran las clases de vuelo. Todos los días dedicaban la primera hora de la mañana al estudio de las “técnicas de vuelo gorrioneriles”, luego se ocupaban de las lecciones de “meteorología pajaril” para saber leer en el cielo las señales que predicen las tormentas, los vientos peligrosos, la nieve, etc.

El padre era un instructor eficaz, pero severo y frío. No se permitía ni un roce, ni una caricia porque temía que eso podía debilitar el carácter de su gorrioncito; y un pájaro tan pequeño ha de desarrollar necesariamente un carácter de gigante en la vida. No había lugar ni para el descanso, ni para los remilgos femeninos. Instrucción y práctica.

Pero nadie había explicado al pequeño gorrión la necesidad de aprender a volar ni sus ventajas. Había de ser así, y punto. Así que, a veces, el pobre gorrioncito no entendía por qué tenía que trabajar y esforzarse tanto en algo que él, de momento, no necesitaba. Si tenía todo cuanto podía desear, comida, buenas vistas, amigos ¿por qué y para qué tenía que volar?

La mayoría de las veces al pajarillo le hubiese apetecido más quedarse tranquilito en su nido que hacer esos esfuerzos enormes para emprender el vuelo. Por no hablar del miedo que tenía a caer precipitadamente al suelo. A veces le hubiera gustado sentir un aletazo de ánimo por parte de su padre para vencer sus miedos, o un abrazo de consuelo cuando no le salían bien los ejercicios, incluso algún beso de felicitación.

Pero el tiempo pasó y la naturaleza obró con sabiduría, y el padre gorrión vio volar correctamente a su pajarillo. En efecto, el gorrioncito volaba, pero sólo por estricta necesidad. El gorrioncito voló, pero nunca, nunca disfrutó del vuelo.

La golondrina tenía una visión muy distinta a la de los gorriones, después de todo son pájaros migratorios y eso les hace sentirse poco ligados a sus raíces. La golondrina emprendía su vuelo cada año con el anuncio del invierno, rumbo al calor de otros mundos.

Durante sus largas migraciones vivía siempre emocionantes aventuras, como cuando tenía que buscar refugio ante una inesperada tormenta, o esas ocasiones en las que había que escapar de sus depredadores naturales: las aves de rapiña y, sobre todo, los terribles cazadores.

Pero, llegado el momento, también nuestro pájaro aventurero construyó su nido en el arbolito y tuvo una cría. Seguro de que esa circunstancia no le haría dejar de ser él mismo, convencido de que su vástago también sería un perfecto piloto de vuelo, encontró pronto la solución.

- Contrataré un águila. ¿Quién mejor para instruirlo perfectamente en las técnicas de vuelo? Y yo seguiré practicando mis vuelos; él me verá y así se contagiará rápidamente de mi amor por el vuelo.

El papá golondrina pagó con ricas y costosas presas las clases de vuelo que el cóndor dedicó a su hijo. Pero no le dedicó ni un solo rato, jamás hicieron juntos un vuelo, jamás se rozaron las alas. El jilguerito aprendió a volar, pero de una manera un poco peculiar, porque utilizaba las técnicas de un águila aunque el no tenía las características de un águila. Tuvo dificultades, no en el vuelo, no. Pero sí en su identidad, porque volaba bastante bien pero no como una golondrina.

La golondrinita volaba por complacer el orgullo y la autoestima de su padre, pero tampoco él disfrutó nunca de su vuelo, porque su padre estaba equivocado; la pasión no se contagia en la distancia, sólo el roce y el cariño la contagian.

El tercer pajarito era una gaviota, que disfrutaba siempre de su sencilla vida de pescador, pero también tenía grandes sueños: desde pequeño contaba, en sus ratos de charla con los otros pajaritos, que un día lograría llegar hasta el océano, y quién sabe si después recorrería los siete mares.

Disfrutaba apasionadamente del vuelo, siempre se proponía retos nuevos. Un día, intentaba aumentar el tiempo de vuelo; otro, se planteaba subir más alto; al tercero, aspiraba a ser más veloz, pero aceptaba plácidamente sus limitaciones.

También la gaviota creció y también la gaviota tuvo una cría; desde el principio, la gaviota pasaba mucho tiempo con la gaviotita, pero no descuidaba ni sus quehaceres ni su pasión. Con muchos mimos y mucha ternura, el padre pasaba largos ratos acariciando a su hijo y dándole masajes en las alas para demostrarle su cariño y prepararle para el vuelo. Desde el principio, el padre gaviota le llevó a volar sobre su grupa vuelos pequeños, muy pequeñitos pero compartidos. Por las noches, antes de dormir en el nido, los dos muy abrazados, le contaba historias del mar y le decía que un día muy cercano, cuando él pudiera volar, irían juntos a verlo. Le hablaba de la infinitud del océano, de los mundos, de las estrellas, del roce del aire en la cara mientras planeas, el calor de los rayos del sol en las alas o del embrujo de la luna llena que en las noches de su plenitud te llama, seductora, con voz dulce y luz tenue. Así la gaviotita era feliz imaginando ese momento en el que sus patitas pudieran alzarse del suelo y surcar el cielo, junto a su querido papá.

Su sueño estaba cada vez más cerca, y, mientras, ambos seguían haciendo pequeños vuelos juntos. Un día el hijo quiso probar solo, y el padre, feliz y orgulloso, voló con él. Ese día los dos inventaron una nueva ruta, fueron a un sitio nuevo donde nunca antes habían estado. Descubrieron juntos nuevas luces, nuevas plantas, nuevos ríos, nuevas vidas.

La gaviota había conseguido, con su amor y dedicación, que su hijo quisiera volar, primero con él y, después, en solitario. Consiguió que la luna fuese su amor; su sueño, el mar y el vuelo, su vida.


Mati Morata







CUENTACUENTOS EN EL COLEGIO SALZILLO DE MOLINA DE SEGURA


CUENTACUENTOS EN EL
COLEGIO SALZILLO
(MOLINA DE SEGURA)


El pasado viernes 24 de abril, con motiv
o del día del libro, el colegio Salzillo realizó un cuentacuentos para alumnos de tercero de primaria. Invitaron a Mati Morata a propuesta de Carmen, una amiga de Mati de 8 años.

Carmen hizo una, muy cariñosa, presentación de su amiga Mati que entre otras cosas decía:

Mi amiga Mati, nació en plena Navidad un 26 de diciembre de 1963 en un pueblo pequeño de Cartagena, que se llama la Palma muy cerca del mar menor. De pequeña le encantaba comer paella, jugar a las muñecas y disfrazarse de princesa.

A los 17 años se vino a Murcia para estudiar Filosofía en la Universidad de Murcia.

A los 25 años ya era profesora de Filosofía, y desde 1992 trabaja en el instituto Felipe de Borbón de CEUTI, dando clases a niños un poquito mayores que nosotros.

Es mamá de dos niños, uno de 14, Antonio y otro de 6 años, Alberto.

Cuando Antonio tenía 5 años ya sabía leer un día dijo a su madre: -Mami cuéntame un cuento. Esa noche nació su primer cuento, se llamaba “El sabio de los siete pelos”.

Los cuentos que hoy nos va a contar son de un libro llamado “Cuentos con Corazón para aprendices de filósofo”. Este libro se lee en muchos colegios e institutos de la Región.

Aunque también ha escrito otros libros, os lo cuento:

Tiene uno de adivinanzas que se llama “Adivino, Adivina"

Y dos cuentos ilustrados muy bonitos.

El primero se llama “Las vidas del Agua”, y lo hizo para enseñar a los niños sobre el uso responsable del agua.

Y el último que ha publicado se llama “El misterioso lenguaje de las esculturas de Ceutí” para enseñarles a los niños que las esculturas pueden ser muy divertidas, porque nos cuentan historias..

Le encanta escribir para los niños, pero lo que más le gusta en el mundo es contar cuentos.



El acto se desarrolló en un ambiente de entusiasmo y participación de los niños, se contaron entre otros los siguientes cuentos: El lunar que no tenía dueño, Mami ¿que hay en la luna?, El Sol solitario...

Los niños quedaron encantados y prometieron a Mati que le mandarían cartas para mantener su amistad.


Mati, Alberto, Carmen y su profe Chon.





domingo, 19 de abril de 2009

"EL MISTERIOSO LENGUAJE DE LAS ESCULTURAS DE CEUTÍ"



El próximo día 23 de abril, día del libro, se presenta en el Centro Cultural de Ceutí el cuento de Mati Morata titulado
"EL MISTERIOSO LENGUAJE DE LAS ESCULTURAS DE CEUTÍ"
Este cuento pretende desarrollar la sensibilidad artística en los niños. Es la historia de un niño, Alberto, que quiere ser artista y vive una emocionante aventura en la que las esculturas del Museo al Aire Libre de la ciudad de Ceutí le enseñan su lenguaje y le contarán sus propias historias.